Caminando en el sendero de
la vida,
evitando los obstáculos y
vallas,
se acercaba hacia el final,
que es su destino,
aquel hombre de sienes
plateadas.
Agotado por el peso de los
años,
a la orilla del camino se
sentaba,
y mirando con dolor sus pies
cansados,
el recuerdo, a su juventud
volaba.
Nunca tuvo en su andar,
firme y ligero,
vacilación alguna cuando
hallaba,
con espinas sembrado su
sendero,
era joven, cualquier camino
andaba.
Nunca halló una sonrisa en
su camino,
y él creyó que no la
precisaba,
ni encontró la mano de un
amigo,
que con cariño al caer lo
levantara.
Cada bache que encontraba en
su sendero,
más duro el corazón aún le
tornaba,
y fueron tantos los golpes
que le dieron,
que ya, ni las piedras le dañaban
Ahora llega al final de su
destino,
está viendo que el camino se
le acaba,
y solo tiene, lo que él
lleva consigo,
el tesoro de sus canas plateadas.
Mariangeles

Des-esperanza.
ResponderEliminarQuien siembre recoge.
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