De
joven fue mujeriego,
gallardo,
gran caballero,
no
tubo respeto a nada.
Su
estandarte fue el dinero.
Hizo
un reino de su casa,
y
fue un rey, déspota y fiero,
no
sintió por sus vasallos,
ni
comprensión ni respeto.
Cruel
fue con los menores,
que
sintieron por él, miedo,
sembró
el campo de su vida,
de
odios y resentimientos.
Pero
el tiempo ya ha pasado,
El
joven ahora es abuelo.
Encorvado
por los años,
que
juez son del caballero.
Enfermo,
y en la vejez,
solitario,
sin consuelo,
llora
pensando en los días,
pide
que atrás, vuelva el tiempo.
Para
el campo de su vida,
sembrar
de amores y besos.
Pero
el tiempo es implacable.
No
se vuelve atrás el tiempo.
Pobre
de aquel que de joven,
no
piense que se hará viejo,
que
el odio que va sembrando,
creciendo
va con el tiempo.
Y
que un DIA llegara,
que
al estar viejo y enfermo,
por
cada mal que él hiciera,
cobrará
mañana ciento
Angi

A veces la justicia ajerce su función en la propia vida, pero algunos escapan impunes. ¡Tiene que existir una Justicia Suprema al otro lado de la vida!
ResponderEliminarExiste. ¡y en esta vida! Lo vi cuando escribí el poema, y lo veo cada día. Dios castiga donde más te duele.
ResponderEliminar