Teresa siempre fue una mujer
luchadora. Al estar su esposo delicado de salud, a ella le había correspondido
la difícil tarea de llevar la familia adelante. Unas veces fregando escaleras,
haciendo labores domesticas, y los fines de semanas trabajando en la cocina de
un restaurante, fregando platos.
Yo tenía el honor de
disfrutar de su amistad, desde los años más penosos y vi sus manos llagadas por
los fuertes líquidos, que usaban en las limpiezas. Mientras ella, nunca perdía la
sonrisa de su boca.
Siempre le dije que un día le
llegaría su premio, se lo merecía, y le
llegó inesperadamente.
Un día en nuestra ciudad crearon
una empresa de vigilantes para la zona azul y luego unos parquin. La
empresa fue ideada para integrar en ella a personas con alguna clase de minusvalía, y ella, que tantas veces había renegado de la
poliomielitis, que padecía en la pierna izquierda y la hacía cojear, se dio
cuenta que Dios escribe recto en líneas torcidas, porque gracias a esa
minusvalía entró en el programa y fue una de los seleccionados.
Para ella fue mejor que ganar la lotería, pasó de no
saber nunca de cuanto dinero podía disponer para el gasto semanal, a la tranquilidad de tener un sueldo mensual
seguro. Al principio ni se lo creía y aunque no le quedó mas remedio que
abandonar su trabajo de limpieza de escaleras y domicilios, no se atrevió a
abandonar su trabajo, de domingos y festivos, temía despertar y que todo fuese un sueño.
Acababan de tocar las diez de
la noche, y esta noche, como tantas
otras noches, tenía que trabajar. Pero Teresa, esa noche sentía la soledad especialmente,
era Noche Buena. Aún no habían tomado los postres, y ya tenía que abandonar
la cena familiar para incorporarse al trabajo.
Le fastidiaba….¡¡¡Dios, como le
fastidiaba!!! Sobre todo porque era cuando estaban
más animados, y ella no hubiese
querido dejarlos, pero el trabajo no esperaba
y ella era muy cumplidora.
Desde hacía catorce años era vigilante de un
parquin… al principio de día, (turnos alternos de mañana y tarde) pero desde
hacía nueve años por encontrarse enfermo
el vigilante de noche, le habían adjudicado ese turno.
Se arrebujó en su chaquetón
del uniforme y emprendió el camino al trabajo, no era muy lejos, pero la
carretera era solitaria y hacía frío. A la luz de las pocas farolas podía ver
como brillaban unos diminutos copos de nieve, no era habitual ver nevar en su
ciudad, era un valle cálido, donde raramente lo hacía, pero durante todo el día
el cielo había estado encapotado, y los viejos del lugar decían que iba a
nevar. Teresa miró los pequeños copos ilusionada, hacía mucho tiempo que no
veía la nieve y pensaba que quizás cuando saliese del Parquin, al día
siguiente, lo encontrase todo blanco.
Cuando entró al cálido
recinto, donde su compañero la aguardaba ansioso, miró los monitores que
ocupaban casi la totalidad de la pared, del fondo y desde los cuales podían ver
cualquier movimiento que ocurriera en los vehículos allí guardados.
--¿Alguna novedad?—
--No, todo ha estado muy
tranquilo, esta noche no hace falta que salgas a limpiar, me aburría y me
entretuve matando el tiempo, hoy podrías cenar en el suelo de limpio que lo he
dejado.--
Con la crisis, los
propietarios del parquin habían eliminado personal de limpieza, solo iban dos
veces por semana. El resto de los días eran ellos en sus ratos libres los
encargados de tal menester.
--Pues muchísimas gracias y
Feliz Nochebuena, ---
Al quedarse sola, fue directa
a su armario, recordaba que guardaba una novela romántica y pensó que era la
noche adecuada para dedicarse a ella, calentita, sin mucho trabajo….pero pasaba
las páginas y no terminaba de enterarse de lo que leía, al final tubo que
dejarla por puro aburrimiento.
Teresa era una gran
aficionada a las baladas, así que preparó su aparato de música, insertó el
último CD que le había regalado su marido, se estiró cómodamente en el sillón puso las piernas en
alto y esperó, hasta que la cabina se llenó con las notas de las melodías que
golpearon las paredes y regresaron a sus sentidos convertidas en emociones. No
entendía porque, pero las lagrimas corrieron por sus mejillas, hoy la ponían
triste. Lo intentó hasta con una película……Nunca se le habían hecho unas horas
tan largas… ¡Jo….le esperaba una noche interminable!
Revisó los monitores, al
principio creyó ver un movimiento junto a la puerta de entrada. Solo fue un
flash, algún coche que pasaría, las
luces le habían jugado una mala pasada, continuó examinando los monitores y le
pareció que todo seguía en calma ¿Quién iba a venir esa noche? Era Nochebuena…
no era noche de estar por las calles, las familias se reunían para celebrar el
nacimiento del Niño Dios, (que como cada año venía para salvarnos y como cada
año terminábamos
Crucificándole.)
Pensaba en su marido,
seguramente estaría haciendo un gran esfuerzo para no dormirse, el cava le
afectaba pero esa noche aguantaría despierto porque estaban sus hijos, su madre,
sus nietos y se sentía feliz…Su madre, desde que enviudó, solía pasar
con ellos la mayoría del tiempo Teresa era la hija que no tuvo y la
quería como a tal…También estaba su hija, ella le preocupaba mucho,… Se había quedado sola por segunda vez
y ya tenía dos hijos. Siempre la apoyaron y el pequeño era el ojito derecho del abuelo.
Los dejó cantando villancicos
junto al Belén que con tanto cariño habían construido. Su nieto mayor con once
años, era tremendo, pero también había puesto su granito de arena, no obstante
se empeñaba en que los Reyes Magos ya tenían que llegar.
Su hijo mayor seguramente ya
se habría ido. El y su pareja eran de pocas visitas familiares, aunque no por
eso se quisieran menos.
Volvió a mirar los
monitores…. fue pasando por todos……primer piso…segundo piso…..tercer piso… Ya
era una rutina porque no pensaba ver ningún movimiento. Pero se equivocaba… al
pasar por el cuarto monitor del tercer piso, le pareció ver una mujer. Solo fue
un instante y se perdió de su área de visión, al principio le pareció que lo
había imaginado, ¿Qué haría una mujer en
Nochebuena, sola, a estas horas en un parking? Continuó examinando los
monitores más atentamente…..pasó por el quinto el sexto… nada… empezaba a creer
que había tenido una alucinación. Entonces de refilón le pareció ver movimiento
en el segundo, siguió atenta a ese monitor….lo escudriñaba cuidadosamente
intentando ver donde se había metido la mujer, y en aquel momento le pareció ver que algo se
movía detrás de un coche.
La policía le tenía advertido,
que en caso de movimientos sospechosos, bajo ningún pretexto debería abandonar
su seguro cubículo, ni siquiera en caso de cualquier incidencia. Había un
teléfono de emergencia conectado directamente con la central, llamó rápidamente
y los puso en antecedentes sobre la
intrusa del parking. Le informaron que en el centro, había habido un atraco con
heridos y todas las fuerzas de servicio estaban desplazadas, que no se le
ocurriese salir, y que en cuanto
pudieran se acercarían, que no pasaba nada….que lo mas probable es que alguien
se estuviese resguardando del frío.
Volvió al monitor… intentaba
imaginar que debía hacer la mujer detrás del coche, solo se la veía un poco, y
en ella tenía fija la mirada, cuando le pareció que caía al suelo.
Ya no aguantó más…… ¿Y si le
pasaba algo? ¿Y si la estaban atacando?... Ella no era muy valiente, pero si lo
suficiente fuerte como para ahuyentar a un posible atracador.
No se lo pensó dos
veces, cogió un bastón que siempre tenía
preparado por si un día tenia que defenderse, salió, cerró cuidadosamente la
puerta, y bajó rápidamente al segundo piso. Escuchó atentamente…… Al principio
no se oía nada, pero luego le pareció escuchar al fondo, un sollozo ahogado. Se
acercó temerosa….no sabía lo que iba a
encontrar al otro lado del coche, pero
su curiosidad era mas grande que su miedo. Había poca luz, y en esa zona
quizás había menos, pero al dar la vuelta al coche lo primero que vio fueron
unos ojos grandes, brillantes, temerosos, suplicantes. Una joven no más grande
que su propia hija, estaba tirada en el suelo, se recostaba en las ruedas del
coche, y debajo de ella, en el suelo, se veía una mancha que en la semi-oscuridad
no podía distinguir lo que era.
Su mente comenzó a trabajar
rápidamente, lo del suelo podía ser sangre…….. No sabía que había pasado,
aunque en realidad tampoco le importaba mucho. Ahora mismo lo más urgente era
sacarla de allí. La joven apenas tenía fuerzas…Teresa le pasó el brazo por la
cintura y la ayudó a levantarse. Casi a rastras la llevó hasta su oficina, allí
había mucha luz, y el ambiente estaba caldeado. Pensó que tenía mucha suerte de
tener ese trabajo, era tranquilo, cómodo y además no estaba mal pagado y aunque
esa noche estuviese separada de su familia, tampoco era tan grave… ¡Cuanta
gente habría que no tenía donde guarecerse!
Miró detenidamente a la
mujer, y se dio cuenta de que era mucho más joven de lo que le había parecido al principio.
--- ¿Quién eres?--- le dijo---
---Me llamo María García, y soy portorriqueña---
No hacía falta que le
preguntase que le había pasado……. Se veía claramente que estaba de parto…
--- ¿Dónde vives?---
---No tengo casa, llegué hace seis meses a España
contratada para el servicio domestico, pero descubrieron que estaba embarazada
y me han despedido del trabajo, como no tenía dinero hice autostop, pero cuando se dieron cuenta que me
encontraba mal, me dejaron en este
pueblo. Perdone por refugiarme aquí.---
---No pasa nada… tranquilízate…ahora llamo a una ambulancia para que te lleven al
Hospital.---
La veía como apretaba
los labios soportando el dolor. Apenas
era una niña, su ropa y sus piernas estaban mojadas, seguramente ya había roto
aguas, por lo tanto el parto se podía producir en cualquier momento. Teresa
había tenido una vida bastante monótona, nunca se había encontrado en una
situación igual y no sabía que hacer. Nerviosa volvió a llamar a la policía
para que enviasen rápido la ambulancia,
pero esa noche había sido muy movida, entre el atraco, y un accidente
que había habido en la autopista todas
las ambulancias estaban en servicio, y le dijeron que hiciese lo que pudiera
que ellos intentarían llegar lo antes posible.
Teresa intentaba distraer a María. Le hablaba
pretendiendo entretenerla, y al mismo tiempo entretenerse ella misma para
evitar los nervios.
--- ¿Cuántos años tienes?---
---Hace tres días cumplí dieciocho---
Le costaba hablar, su dulce
voz salía como a empujones, entrecortada por gemidos de dolor. Estaba de pie,
apoyada en la pared, y le costaba mantenerse firme, las rodillas se le
doblaban, intentó acostarla en el suelo, pero no quería, decía que así los
dolores eran peores.
No sabía que hacer, que decir,
ya no sabía ni que preguntarle, la miraba y la veía tan tierna…tan linda….era
morena, pequeña, con unos ojos negros y grandes, que brillaban
febriles, una cabellera larga, negra, húmeda y pegada a su cara….estaba
delgada, quizás demasiado delgada, solo se le veía barriga, una inmensa barriga
que se movía visiblemente con las contracciones. Ese bebé quería nacer, y no se
iba a esperar ni a policías ni
ambulancias. Teresa empezaba a
darse cuenta que tendrían que apañárselas ellas solas, nunca había hecho nada
igual, pero había visto muchas películas, tan difícil no parecía. María dio un
pequeño grito, se encogió sobre si misma y sus piernas se mancharon de
sangre, Teresa se dio cuenta que ya no
lo podían aplazar mas, el parto era inminente, fue a buscar su chaquetón y lo
extendió en el suelo, la ayudó a acostarse sobre él….se arrodillo ante ella, y
al examinarla vio una cabecita que desde dentro apretaba intentando llegar a la vida. Teresa se
emocionó…no sabía como cogerlo…tenía mucho miedo de dañarlo, pero… o se daba
prisa o el daño todavía podía ser peor,
ya estaba toda la cabeza fuera, la cogió como mejor pudo y con mucho cuidado le
ayudó a salir, nunca se hubiese esperado
que fuese tan fácil, de pronto se encontró con una cosita preciosa, morenita
entre sus brazos, berreaba como un desesperado, intentando absorber todo
el aire que le había faltado durante su penoso viaje a la vida.
Ató con el cordón de sus
zapatos al “cordón umbilical” (tal como había visto en alguna película) y sin
atreverse a cortarlo, tapó al bebé con
el jersey de su uniforme mientras esperaban la ambulancia….Y así
quedaron los tres acurrucados y casi abrazados, dando gracias a Dios porque
todo hubiese pasado.
Por la mañana tuvo que volver
a casa sin abrigo y sin jersey, El suelo estaba cubierto de un manto blanco a
esas horas tempranas, aún casi inmaculado. Hacía frío…mucho frío. Apresuró el
paso para entrar en calor. Su cuerpo estaba helado, pero en su corazón sentía
un agradable calorcillo, esa Nochebuena
había sido diferente, por primera vez en su vida había sentido la
verdadera Navidad…María y el niño ya
estaban seguros en el hospital, la ambulancia había llegado enseguida y detrás
los policías que la felicitaron por su valentía
y decisión. Pero ella sabía que no fue valentía…ella no era tan
valiente….Pero una fuerza interior la dirigió… alguien debió pensar que ella
merecía una Nochebuena de verdad y envió
a María para que tuviese a su hijo en el
Parking.

Waoooo me has sacado las lágrimas... es hermoso! Besos desde Puerto Rico, Eve
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